Alien Covenant (2017. Ridley Scott). El 8º pasajero está de regreso.

Alien Covenant, un intento más de colonización espacial. Otro intento más para vivir de las rentas.

La última entrega de la factoría Alien ha llegado a las pantallas este fin de semana. Tras su visionado estamos dubitativos al no diferenciar si la sensación residual que nos queda es agradecer a Ridley Scott un nuevo episodio de Alien, o, por el contrario, invitarle a que explore otros contenidos de ciencia ficción y terror.

Covenant.

Bien es cierto que lo que ha ido llegando a modo de pequeñas cápsulas prometía un film, en primer lugar, rozando el gore y, en segundo lugar, más prometedor que su antecesora: Prometheus (2012. Ridley Scott).

La historia de Alien Covenant es la siguiente:

Rumbo a un remoto planeta al otro lado de la galaxia, la tripulación de la nave colonial ‘Covenant’ descubre lo que creen que es un paraíso inexplorado, y que resulta ser un mundo oscuro y hostil. Secuela de “Prometheus” (2012).

Fuente: FILMAFFINITY

Los tripulantes de la nave colonial Covenant se disponen al asentamiento de la raza humana en un planeta que reúne las condiciones óptimas para expandir los dominios del planeta tierra. Una serie de complicaciones técnicas y un mensaje captado proveniente de una posición cercana los induce a explorar un planeta estable dónde crear una comunidad por lo que la nave decide desviar su ruta. Este nuevo descubrimiento les traerá más problemas que beneficios.

Clichés, Vísceras e historias recurrentes.

Con el párrafo introductorio habrás averiguado que nos decantamos más hacia el juego de trileros que hacia la solemnidad de una saga que comenzó con la teniente Ripley a bordo de la nave Nostromo. Y eso es evidente. Alien Covenant no tiene nada que no hayamos visto en anteriores entregas. Es decir, se recurre a la historia originaria, cuya decisión es de agradecer (y mucho), y se muestran escenas violentas y sangrientas cogidas con pinzas para desviar la conclusión de que, pasados 30 minutos, aceptes que te vas a comer un mojón de magnitudes bíblicas durante la 1:30h que resta de largometraje. Otro recurso mal obrado de esta película es volver a revivir momentos de la saga que ya de por sí son tan legendarios que no hubiera hecho falta traer de nuevo a la pantalla.

La película se deja ver, tampoco vayamos a volvernos tan locos. La cuestión es que ni cobra fuerza ni la pierde. Es una consecuencia lineal de sucesos que hacen echar la vista atrás y recordar, con más melancolía si cabe, al 8º pasajero de la nave de Ripley y sus tripulantes. Esto no está dicho al bote pronto, vas a acordarte muchísimo de Alien, el octavo pasajero, porque en Alien Covenant aparecen un sin fin de criaturas que lo único que tienen en común con el amigo de ripley es la categoría.

En la oscuridad también hay luz.

Quizá los personajes de Alien Covenant podrían haberse mostrado más característicos o también quizás el error de volcar todo lo acontecido en el viaje de la Prometheus no termine de conseguir que esta nueva entrega de Ridley Scott gane puestos. Se pierde la esencia creacionista (incluso teológica)en Prometheus tenía su punto de encuentro. Y quizás mantener a Fassbender de nuevo es el gancho perfecto y necesario para que Alien Covenan gane en visibilidad.

No todo nos ha parecido de consumo gratuito pues, siendo sinceros, la fotografía es muy contundente y las escenas al uso de huida (que siempre abundan en la saga) consiguen generar tensión, agobio y algún saltito en la butaca. Lo que no termina de convencer, por más que lo hayas intentado querido Scott, es la sensación de que, buscando una mejor puesta en escena para Prometheus, nos cueles un nuevo intento para vender , otra vez, “Alien, el octavo pasajero”.

En definitiva, como eres un gran fan de Alien, hay que ver esta película pero si nos preguntas a nosotros, Alien solo hay uno: y es el 8º pasajero.

¿Qué opinas?